Carta/Opinión: Adaptación y neurodesarrollo.-

De acuerdo con los procesos cognitivos neurotípicos, un niño o niña puede procesar y adaptar su rutina en contextos conocidos en más o menos 2 semanas de repetición de dicha actividad. Sin embargo, este tiempo en algunos suele prolongarse y desafiar a su entorno a encontrar estrategias que faciliten ese avance. El tiempo esperable bajo cualquier circunstancia es, por tanto, variable, pero sería saludable para el menor y su entorno que se pudieran cumplir con algunos parámetros.

Primero una introducción progresiva a las tareas asociadas a las actividades. Por ejemplo, el ingreso al colegio requiere, no solo ir y entrar en sala, sino que también una rutina de sueño adecuada, hábitos previos como levantarse, vestirse, desayunar, etc.

Como segundo parámetro, es lograr una anticipación de estas rutinas y las actividades clara. Una alternativa es hacer entender al menor que debe levantarse, luego desayunar y a continuación tomar sus materiales para el colegio. De la misma manera, que saber el horario de salida y las posibles actividades que se programarán después de ello.

En el caso de un tercer parámetro, está el reconocer los espacios en que se van a desarrollar las clases o se tendrá el recreo y eso es recomendable.

También como cuarto parámetro es conocer a los adultos con quienes estará, las educadoras, que también facilita el adaptarse, más aún si ello va de la mano de ciertas anticipaciones como: “puedes avisarle a tu educadora cuando necesites algo urgente” “la educadora te dirá qué tienen que hacer”, “en el colegio me llamarán si algo sucede y responderé al llamado”. De tal manera que las fantasías respecto al estar solo sean mediadas.

Un último aspecto es lograr reglas claras respecto a la necesidad de asistir, la importancia de seguir reglas, el respeto por los adultos que estarán a cargo y sus compañeros, lo que puede o no puede hacerse en el colegio, etc.

La adaptación, está fuertemente relacionada con disminuir la ansiedad y angustia que puede conllevar para los menores de estar solos o bajo un sistema menos flexible en la exploración de actividades sólo de entretenerse.

Estas rutinas que significan la escolarización requieren ser intercaladas de manera ajustada con otras actividades de recreación de tal manera de no hacer un cambio tan drástico entre vacaciones e ingreso escolar.

En este sentido, para la población neurodivergentes todos estos aspectos son las mismas, con la salvedad de poner atención al progreso paulatino que algunos niños necesitan respecto a la prolongación de los tiempos respecto a la jornada escolar. Ello puede requerir planear estrategias particulares, caso a caso, en este sentido al igual que la decisión de estar o no acompañado en aula.

Se debe comprender, que los niños y niñas no reciben igual los cambios y ello es lo que puede interferir en los procesos adaptativos

Claudia Figueroa León

Escuela de Fonoaudiología, Magíster en desarrollo cognitivo

Universidad Andrés Bello