La presencia de fragata portuguesa en distintas playas del país no es un fenómeno menor ni anecdótico. Se trata de un organismo marino altamente tóxico que representa un riesgo real para la salud de las personas y que exige información clara, oportuna y responsable para prevenir accidentes y reacciones graves.
Aunque muchas veces se la confunde con una medusa, la fragata portuguesa es un sifonóforo, una colonia de organismos que actúan como uno solo y cuyos tentáculos pueden extenderse por varios metros. Su color azul violáceo puede resultar llamativo, pero incluso cuando parece inofensiva o está muerta, sigue siendo peligrosa. Sus toxinas pueden permanecer activas durante semanas y provocar desde dolor intenso y lesiones cutáneas, hasta náuseas, vómitos, mareos, desmayos e incluso dificultad respiratoria.
Frente a su presencia, la primera medida debe ser preventiva y es no ingresar al mar, no manipular el organismo en ninguna circunstancia y respetar la señalética instalada en las playas. Caminar con calzado en la arena, es una acción simple pero efectiva para evitar contactos accidentales.
En caso de contacto, es fundamental actuar correctamente. Se debe salir de inmediato del agua y lavar la zona afectada solo con agua de mar o suero fisiológico. El uso de agua dulce está contraindicado, ya que libera más toxinas y agrava la lesión. Los tentáculos visibles deben retirarse raspando suavemente con un objeto rígido, nunca con las manos, y se debe evitar frotar la piel. El vinagre blanco puede ayudar a inactivar los nematocistos si se aplica de forma adecuada.
También es necesario desterrar mitos arraigados, como aplicar orina, alcohol, limón u otros “remedios caseros”, prácticas que solo empeoran el daño. Quienes ayudan a una persona afectada deben protegerse y evitar el contacto directo, ya que también pueden resultar lesionados.
Marcela Díaz Fluhmann
Directora Enfermería Campus Casona
Universidad Andrés Bello.-