Durante años se ha instalado la idea de que los resfríos son casi exclusivos del invierno. Sin embargo, la evidencia clínica y epidemiológica demuestra que niños y niñas también presentan cuadros respiratorios en verano, y que este fenómeno no es excepcional. Comprender sus causas permite evitar alarmas innecesarias, pero también reconocer cuándo se requiere atención oportuna.
En pediatría, el llamado resfrío común corresponde en la mayoría de los casos a una infección respiratoria alta de origen viral. Congestión nasal, secreción acuosa, estornudos y tos leve suelen ser los síntomas predominantes. Estos cuadros son frecuentes porque el sistema inmunológico infantil aún está en desarrollo y porque la exposición a otros niños es constante, incluso en periodo estival.
Los virus respiratorios no desaparecen en verano. Datos de vigilancia del Ministerio de Salud y del Instituto de Salud Pública muestran que en enero y febrero siguen circulando agentes como rinovirus, adenovirus y, en los últimos años, SARS-CoV-2, que muchas veces se manifiesta con síntomas leves. También se detectan parainfluenza y metapneumovirus, aunque en menor proporción.
Desde la mirada pediátrica, un niño pequeño puede presentar entre 6 y 8 infecciones respiratorias al año, distribuidas en todas las estaciones. En verano influyen factores como mayor movilidad y contacto social, viajes y reuniones familiares; ambientes cerrados con aire acondicionado; cambios bruscos de temperatura; y exposición a polvo y alérgenos, que irritan la mucosa nasal.
La mayoría de estos cuadros son leves y se resuelven sin complicaciones. No obstante, el rol de la familia es clave, ya que es necesario mantener buena hidratación, evitar cambios térmicos bruscos, ventilar espacios cerrados, reforzar el lavado de manos y no enviar al niño enfermo a actividades grupales.
Es fundamental consultar si existe fiebre persistente, dificultad respiratoria, decaimiento marcado, rechazo alimentario o si se trata de un lactante menor. El cuidado cotidiano y la observación atenta siguen siendo las mejores herramientas para proteger la salud infantil, incluso cuando el termómetro marca altas temperaturas.
Michel Garat
Director Enfermería Campus República
Universidad Andrés Bello