Columna del escritor El Rafa
Desde hace un tiempo vengo estudiando un fenómeno social inquietante: la deshumanización masiva y la cultura punitiva como herramienta de control.
Vivimos una época donde el impacto mediático reemplaza al análisis, donde la indignación instantánea sustituye la reflexión y donde los derechos humanos —conquistados tras décadas de lucha— comienzan a ser cuestionados bajo discursos que apelan al miedo y al castigo como única solución.
En medio del destape de graves casos de abuso cometidos por personas poderosas, en medio de cárceles para niños migrantes en el país que se autodenomina “la libertad”, y en un contexto internacional marcado por tensiones bélicas —con el permanente fantasma de un enfrentamiento mayor entre potencias como la OTAN y Rusia— se instala una narrativa que normaliza la deshumanización.
La autodeterminación de los pueblos se utiliza según la conveniencia del poder internacional. Las leyes ambientales retroceden frente a intereses económicos desmedidos. Los grandes grupos económicos consolidan sus riquezas extremas mientras el discurso público se empobrece.
No es casualidad que los discursos de odio ganen terreno. Tampoco es casualidad que muchas opiniones se construyan desde la superficialidad de un video de TikTok, como si la complejidad del mundo pudiera resumirse en segundos. En esta guerra cultural punitiva, quien pierde es el pueblo. Pierde la humanidad. Pierde el futuro Estado de Derecho.
La extrema derecha avanza capitalizando el malestar social, mientras quienes defendemos transformaciones profundas muchas veces quedamos reducidos a consignas que no logran movilizar conciencias.
En este escenario, los artistas, los dirigentes sociales, los políticos comprometidos y quienes viven en vínculo con la madre tierra tenemos una responsabilidad histórica: rehumanizar el debate público. Volver al territorio. Hacer cultura. Escuchar. Construir comunidad.
Porque si no salimos a las calles a sembrar conciencia, el “frente” terminará siendo solo un recuerdo, y con él la posibilidad de un mañana distinto.
Humanizar es resistir.
Y resistir hoy es volver a soñar.
— El Rafa