Cuando pensamos en los riesgos al conducir, solemos asociarlos al alcohol, las drogas o el uso del teléfono móvil. Sin embargo, existen otras conductas cotidianas que pueden afectar la atención al volante y que suelen pasar desapercibidas. Una de esas conductas es escuchar música a un volumen excesivamente alto.
En Chile, durante 2024 se registraron 75.653 siniestros de tránsito y 1.439 personas fallecieron en las vías públicas. Aunque esta cifra representa la más baja de las últimas décadas, sigue significando que, en promedio, cuatro personas pierden la vida cada día en nuestras calles y carreteras.
Las autoridades han señalado reiteradamente que la desatención del conductor continúa siendo una de las principales causas de los siniestros viales. La distracción no solo proviene del celular. También puede generarse cuando el entorno sonoro compite con la información que nuestro cerebro necesita procesar para conducir de manera segura.
Desde la salud mental sabemos que conducir exige concentración constante. El cerebro debe interpretar señales visuales, auditivas y espaciales en cuestión de segundos. Cuando la música está demasiado fuerte, disminuye la capacidad de percibir sonidos esenciales como sirenas, bocinas o advertencias de otros conductores, aumentando el tiempo de reacción frente a situaciones imprevistas. Además, algunos estudios sugieren que ritmos muy intensos pueden favorecer conductas más impulsivas, como acelerar innecesariamente o responder de manera agresiva ante el tráfico.
En contraste, escuchar música a un volumen moderado permite disfrutar del trayecto sin comprometer la seguridad. Escuchar música mientras se conduce no es el problema. El problema es cuando el volumen nos desconecta del entorno. En seguridad vial, una decisión tan simple como bajar unos niveles el equipo de sonido puede marcar la diferencia entre reaccionar a tiempo o lamentar una tragedia.
Porque conducir no solo requiere tener las manos en el volante; también exige mantener la atención donde realmente importa: en el camino.
Juan Videla Alfaro
Máster en Salud Mental, Facultad Enfermería.-