Carta/Opinión: El duelo de pérdidas traumáticas.-

Las pérdidas traumáticas, como la muerte inesperada de un ser querido, un accidente grave o una situación de violencia, generan un impacto que trasciende el ámbito emocional. Además del dolor y la angustia asociados al duelo, estas experiencias suelen alterar la vida cotidiana, las rutinas y los roles que las personas desempeñan en sus familias, comunidades y espacios laborales.

Uno de los aspectos más relevantes es que no todas las personas experimentan ni expresan el duelo de la misma manera. La edad, la historia personal, las experiencias previas y las redes de apoyo influyen significativamente en la forma en que cada individuo enfrenta una pérdida.

En la infancia, las reacciones suelen manifestarse a través de cambios conductuales, dificultades para dormir, problemas de concentración o una mayor necesidad de cercanía con las figuras de cuidado. En muchos casos, los niños alternan momentos de tristeza con espacios de juego y actividades cotidianas, lo que puede generar la percepción errónea de que no están procesando la pérdida.

Durante la adolescencia, el duelo puede expresarse mediante aislamiento social, irritabilidad, desmotivación o cambios importantes en el rendimiento académico. A esta etapa se suma la búsqueda de identidad propia, que puede verse profundamente afectada por experiencias de pérdida significativas.

En la adultez, las personas suelen enfrentar simultáneamente el dolor emocional y las exigencias asociadas a sus responsabilidades familiares, laborales y económicas. Esto puede generar presión por retomar rápidamente las actividades habituales, incluso cuando el proceso de adaptación aún está en desarrollo.

Las pérdidas traumáticas también implican transformaciones en los roles ocupacionales. La muerte de una pareja, un hijo, un padre o una madre no solo representa una ausencia afectiva, sino también cambios en la organización de la vida diaria, las responsabilidades y los proyectos compartidos. Como consecuencia, muchas personas deben reorganizar sus rutinas y reconstruir aspectos importantes de su identidad.

Comprender que el duelo es un proceso individual y diverso resulta fundamental para favorecer formas de acompañamiento más respetuosas. Reconocer las distintas maneras de expresar el dolor, evitar juicios sobre los tiempos de recuperación y fortalecer las redes de apoyo son elementos clave para enfrentar una pérdida traumática y avanzar en la adaptación a una nueva realidad.

Daniela Estobar

Académica de la Escuela de Terapia Ocupacional

Universidad Andrés Bello