Carta/Opinión: Fatiga no es flojera

Vivimos en una cultura que glorifica el agotamiento. Estar cansados se ha vuelto casi una credencial de productividad, y descansar, un lujo o una debilidad. En ese contexto, no sorprende que muchas personas convivan por años con síntomas que afectan profundamente su calidad de vida, sin consultar ni recibir apoyo, convencidas de que “es normal sentirse así”.

En el Día Mundial del síndrome de fatiga crónica (SFC) y la fibromialgia (12 de mayo), estas enfermedades nos recuerdan una verdad incómoda: el cuerpo tiene límites. Ignorarlos no nos hace más fuertes, solo más vulnerables. Normalizar el dolor persistente, el cansancio incapacitante o el malestar que aparece después de esfuerzos mínimos es una forma silenciosa de negligencia, tanto personal como social.

Escuchar el cuerpo no significa rendirse, sino entender que moverse, descansar y dosificar la energía son actos de autocuidado y también de prevención. El ejercicio bien indicado, el sueño reparador, las pausas activas y la educación en salud deberían ser accesibles y comprendidos como parte del tratamiento, no como exigencias extra para quien ya está cansado.

Tal vez el mayor cambio que necesitamos no es solo médico, sino cultural: dejar de romantizar el agotamiento y comenzar a valorar la salud como la base de una vida plena. Porque cansarse no siempre es normal, y pedir ayuda también es una forma de avanzar.

Óscar Núñez

Académico Escuela de Kinesiología

Universidad Andrés Bello.-