| Con la contingencia actual, no parece ser el desastre que la naturaleza genera sólo lo que hay que enfrentar en el seno familiar. Los menores con neurodivergencias suelen estar muy apegados a sus ritmos y rutinas para poder regular su sistema nervioso, que es lo que primero suele verse afectado con el exceso de lluvias, tormentas o inundaciones. La tensión familiar que puede estar centrada en la practicidad de superar los daños que la inclemencia meteorológica está dejando, se suma el hecho y las estrategias que deben generar para ver cómo crear, mantener o desarrollar rutinas que disminuyan el stress de los menores y su entorno. Se sugiere conversar con calma, palabras simples y dando seguridad con los menores acerca de los cambios del clima y las razones de los cambios. Se pueden incorporar los por qué hay cambio de rutinas, no asistencia al colegio o quedarse en un lugar distinto al común siempre con cuidado de que sea una información posible de entender por el menor. También es bueno evaluar las posibilidades de gestionar un lugar seguro y de baja estimulación sensorial disruptiva para los menores. Generar una pieza, un lugar o determinar en la red familiar el mejor espacio para que los menores no tengan una sobre estimulación visual o auditiva que pueda desencadenar crisis sensoriales o conductuales. Otras de las recomendaciones es crear rutinas ordenadas, aunque sean distintas a las acostumbradas, por ejemplo, determinar los espacios de autocuidado y habilidades de la vida diaria como bañarse, lavarse los dientes, peinarse, vestirse, etc. de acuerdo con las posibilidades y adaptaciones necesarias. Ello exponerlo explícitamente en una hoja o plan que esté visible para todos y respetarlo. Si además se incluyen horas, en especial para menores más grandes que las reconocen, es aún más positivo. Por otra parte, dado que algunos niños van a tener que trasladarse desde sus hogares a la casa de otros familiares o albergues, generar en ellos espacios personales. Estos no deben en todos los casos requerir un espacio físico tan amplio, pero sí, acordar alguno como “seguro” en que se dialogue entre el niño o niña y su cuidador cuándo o cómo. Es decir, comentarle al menor por ejemplo “aquí vamos a poder calmarnos, cada vez que te sientas incómodo, te puedes tapar, acurrucar, o sentar, etc. según lo que más le acomode. En el caso de no poder asistir a sus espacios educativos, generar algunas actividades concretas y simples que promuevan la calma y el disfrute. Por ejemplo, suele ser útil juegos sensoriales o pintar para quienes les acomode y en los casos que se deban trasladar, incorporar en sus bolsos juguetes o dispositivos de entretención, así como los medicamentos necesarios. Claudia Figueroa Magíster en desarrollo Cognitivo, Escuela de Fonoaudiología Universidad Andrés Bello |