Carta/Opinión: Señales de sordera temprana

Conductas tan cotidianas como inclinar la cabeza para escuchar mejor, fijar la mirada en la boca del interlocutor o aumentar el volumen del televisor suelen normalizarse, pero pueden ser señales tempranas de una pérdida auditiva. La hipoacusia puede presentarse en cualquier etapa de la vida y, muchas veces, avanza de forma silenciosa, afectando progresivamente la comunicación y la calidad de vida.

En adultos, uno de los signos más frecuentes es escuchar, pero no comprender, especialmente en ambientes ruidosos o con múltiples interlocutores. A ello se suman síntomas como zumbidos en los oídos, sensación de oído tapado, mareos o problemas de equilibrio. Esta condición no solo impacta en lo físico, sino también en lo social, ya que muchas personas tienden a evitar espacios de interacción, generando aislamiento, frustración e incluso cuadros de ansiedad.

En niños y recién nacidos, las señales son distintas, pero igualmente importantes. La falta de reacción a sonidos, la ausencia de balbuceo después de los seis meses o dificultades en el desarrollo del lenguaje pueden ser indicadores de alerta. En edad escolar, estas dificultades pueden confundirse con falta de atención o desinterés, retrasando un diagnóstico oportuno.

Frente a estos signos, es fundamental consultar a un especialista. La audiometría es el examen más común en adultos, mientras que en niños pequeños se utilizan pruebas específicas como las emisiones otoacústicas. Además, quienes presentan pérdida auditiva deben realizar controles periódicos, al menos una vez al año.

Detectar a tiempo estas señales permite acceder a tratamientos adecuados y mejorar significativamente la calidad de vida. Normalizar estos síntomas solo retrasa una intervención que puede ser clave para el bienestar integral de las personas.

Macarena Drago

Académica Escuela de Fonoaudiología

Universidad Andrés Bello.-