En los últimos años ha aumentado la percepción de que el tabaco para armar cigarrillos, conocido popularmente como tabaco “natural”, sería una alternativa menos dañina que los cigarrillos industriales. La evidencia científica es clara, ya que no existe un formato seguro para consumir tabaco y la idea de que lo “natural” equivale a lo saludable constituye un mito que puede tener graves consecuencias para la salud.
La magnitud del problema sigue siendo alarmante. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de ocho millones de personas fallecen cada año en el mundo a causa del tabaquismo. En Chile, esta cifra se traduce en aproximadamente 52 muertes diarias atribuibles al consumo de tabaco.
Lejos de ser una opción menos riesgosa, investigaciones recientes indican que el tabaco para armar puede contener concentraciones de nicotina hasta un 70% más altas y un 84% más de alquitrán que los cigarrillos industriales. Además, al no existir un proceso de fabricación completamente estandarizado, quienes lo consumen suelen inhalar con mayor profundidad para mantener la combustión, aumentando la absorción de monóxido de carbono.
A ello se suma el uso frecuente de papeles de combustión lenta y la ausencia de filtros eficientes, factores que exponen al pulmón a temperaturas más elevadas y favorecen un daño celular acelerado. Como consecuencia, los fumadores de tabaco para armar presentan niveles de dependencia y enfermedades respiratorias tan severas como quienes consumen cigarrillos convencionales.
Es importante recordar que el humo del tabaco libera más de 7.000 sustancias químicas y que al menos 70 de ellas son carcinógenas. Las enfermedades cardiovasculares, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y diversos tipos de cáncer continúan siendo algunas de las principales consecuencias de esta adicción.
La nicotina, además, modifica la neuroquímica cerebral y dificulta el abandono del consumo sin apoyo profesional. Por ello, resulta fundamental desconfiar de mensajes que promuevan supuestas alternativas de “reducción de daños” sin respaldo clínico y buscar orientación en los equipos de salud.
Aunque Chile ha logrado disminuir progresivamente sus índices de tabaquismo, el impacto sanitario sigue siendo devastador. Los fumadores viven, en promedio, diez años menos que quienes nunca han fumado. Frente a esta realidad, la única medida que garantiza una protección efectiva de la salud continúa siendo la cesación total del consumo de tabaco.
Juan Videla
Master en Salud Mental, Facultad de Enfermería
Universidad Andrés Bello