Las nuevas bases del concurso de posdoctorado de ANID definen áreas prioritarias del conocimiento a las que se destinará el 70% de los fondos. Frente a ello, nos preguntamos: ¿qué ocurre con las áreas que no han sido incluidas en estas prioridades? ¿Qué implica, para el desarrollo científico del país, establecer una distinción entre las ciencias, aquellas prioritarias y las que no lo son?
Esta decisión transmite un mensaje preocupante: que existe una ciencia con mayor valor institucional y otra que, por no ajustarse a las prioridades definidas por la ANID, queda relegada a un segundo plano. Tal segmentación no solo reduce las oportunidades de adjudicación para investigadoras e investigadores de múltiples disciplinas, sino que también debilita el carácter transversal, interdisciplinario y plural que la ciencia requiere para abordar los desafíos complejos de nuestro tiempo.
Las áreas no prioritarias no son menos relevantes ni menos necesarias. Por el contrario, muchas de ellas sostienen preguntas fundamentales, desarrollan enfoques innovadores y aportan conocimientos indispensables para el bienestar social, cultural y sanitario del país. Un ejemplo de ello es la ciencia de enfermería, un campo emergente que ha consolidado la formación de investigadores e investigadoras autónomos, capaces de generar conocimiento propio para la disciplina y las ciencias afines, contribuyendo de manera directa a la salud de las personas, familias y comunidades.
Invisibilizar áreas del conocimiento por no haber sido incorporadas entre las prioridades no fortalece el sistema científico, sino que lo empobrece. Una política de esta naturaleza desincentiva el desarrollo de investigaciones emergentes, limita la diversidad del conocimiento y reproduce una lógica de ciencia de segundo orden, tanto en el reconocimiento como en el acceso a recursos.
Defender una ciencia robusta, diversa y comprometida con las necesidades del país implica reconocer el valor de todas las áreas del conocimiento. Una política científica verdaderamente pública no puede restringir el futuro de la investigación a un conjunto acotado de prioridades, porque el desarrollo de un país depende precisamente de su capacidad para sostener y proyectar la pluralidad de su ciencia.
Alejandra Araya
Directora Doctorado Ciencia de Enfermería
Universidad Andrés Bello.-