Cómo recuperar la movilidad y mejorar el control de la diabetes con ejercicios.-

El ejercicio supervisado disminuye el dolor, mejora la capacidad funcional y contribuye a prevenir complicaciones asociadas a la enfermedad.

La diabetes tipo 2 no solo altera los niveles de glucosa en la sangre, sino que también puede afectar de manera importante la movilidad y la capacidad funcional de quienes la padecen. Dolor, rigidez articular, debilidad muscular y daño en los nervios son algunas de las complicaciones que dificultan actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o mantenerse de pie por largos períodos.

Frente a este escenario, la rehabilitación kinésica y el ejercicio físico supervisado se consolidan como herramientas fundamentales para mejorar la salud y la calidad de vida.

La académica de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, Cinara Sacomori, explica que la diabetes no controlada favorece un círculo vicioso. “Las limitaciones para moverse promueven un estilo de vida sedentario, lo que dificulta aún más el control de la glucosa y acelera la progresión de las complicaciones propias de la enfermedad”, señala.

Qué complica el sedentarismo

“Las complicaciones musculoesqueléticas afectan a más de la mitad de las personas con diabetes y se asocian con mayores niveles de discapacidad, pérdida de independencia y deterioro de la calidad de vida. Cuando además existe artrosis u otras enfermedades articulares, las dificultades para realizar actividades básicas aumentan considerablemente”, explica la docente.

La evidencia científica respalda que la actividad física es uno de los tratamientos más efectivos para el manejo de la diabetes tipo 2. Por ello, el Colegio Americano de Medicina del Deporte recomienda realizar ejercicio de manera regular y disminuir los períodos prolongados de sedentarismo mediante pausas activas durante la jornada.

Beneficios de ejercicios de fuerza y aeróbicos

Los beneficios aparecen rápidamente. Después de realizar actividad física, la sensibilidad a la insulina puede mantenerse mejorada entre dos y 72 horas, favoreciendo un mejor control de la glucosa en sangre.

“Entre las alternativas más recomendadas destacan el ejercicio aeróbico, como caminar a paso ligero, andar en bicicleta, nadar, bailar o realizar ejercicios acuáticos; el entrenamiento de fuerza mediante pesas, bandas elásticas, máquinas o el propio peso corporal; y los ejercicios de equilibrio y flexibilidad, especialmente importantes para personas mayores o con neuropatía”, recomienda Sacomori.

La combinación de ejercicios aeróbicos y de fuerza es la estrategia que ha demostrado mayores beneficios para controlar la glucosa, mejorar la capacidad funcional y reducir el riesgo cardiovascular. “Incorporar caminatas breves o pequeñas pausas activas durante el día ayuda a disminuir los aumentos de glucosa posteriores a las comidas, especialmente en personas con sobrepeso o resistencia a la insulina”, detalla.

Control previo

La especialista enfatiza que antes de iniciar un programa de ejercicios es indispensable conocer el estado de salud de cada persona, sobre todo cuando existen neuropatía periférica, problemas circulatorios o antecedentes de lesiones en los pies. “En estos casos se recomienda revisar diariamente ambos pies, utilizar calzado adecuado y calcetines sin costuras, además de optar por actividades de bajo impacto cuando exista riesgo de ulceraciones”, indica la kinesióloga.

Durante la actividad física, las personas que utilizan insulina o medicamentos que reducen la glucosa deben controlar sus niveles de azúcar y portar siempre una fuente de carbohidratos de acción rápida para prevenir episodios de hipoglucemia. También es fundamental suspender el ejercicio si la glicemia es igual o inferior a 70 mg/dL o si aparecen síntomas como mareos, temblores, sudoración excesiva, debilidad o confusión.

Tras finalizar la rutina, la revisión de los pies vuelve a ser una medida esencial para detectar heridas o ampollas, además de mantener una adecuada higiene e hidratación de la piel y consultar oportunamente ante cualquier signo de infección.

Una buena rehabilitación

Los programas de rehabilitación supervisados por kinesiólogos ofrecen ventajas adicionales, ya que permiten realizar una evaluación integral del paciente y diseñar un plan personalizado según su condición de salud, nivel funcional y posibles complicaciones. “El kinesiólogo puede ajustar la intensidad, frecuencia y tipo de ejercicios para que la actividad física sea segura, efectiva y sostenible en el tiempo, favoreciendo además la adherencia al tratamiento”, explica.

La evidencia demuestra que este tipo de intervención mejora la fuerza muscular, reduce el dolor y la rigidez, favorece la movilidad y el equilibrio, disminuye el riesgo de caídas, previene complicaciones crónicas y fortalece la autonomía para realizar las actividades diarias.

“El ejercicio es una verdadera medicina para las personas con diabetes. Cuando se realiza de forma regular y supervisada, permite controlar mejor la enfermedad, mantener la independencia y mejorar significativamente la calidad de vida”, concluye la académica.-