Concejal Rafael Ignacio Reyes Fuenzalida
Desde hace años, la ruralidad ha sido víctima de un abandono sistemático que se ha profundizado por políticas centralistas y una escasa planificación preventiva. La reciente emergencia eléctrica deja en evidencia las debilidades de un sistema que no ha estado preparado para responder de manera oportuna a las necesidades de las comunidades rurales.
El caso de Chilquinta refleja la fragilidad de un modelo donde una empresa privada, con escasos contrapesos y sin competencia efectiva, presta un servicio esencial. Mientras la interrupción del suministro puede realizarse con rapidez, la reposición del servicio ha demostrado ser lenta e insuficiente, afectando gravemente la calidad de vida de miles de familias.
San Esteban ha vivido esta realidad de manera dramática. Sectores como Chañarcillo, Foncea, Villa Los Cóndores, Puntilla del Ají y otros permanecieron por largas horas sin electricidad, afectando el funcionamiento de servicios básicos y poniendo en riesgo a adultos mayores, personas electrodependientes, emprendedores y familias completas.
Esta situación exige que los diputados de nuestro distrito y las autoridades competentes canalicen las demandas de la comunidad, fiscalicen a la empresa y exijan planes de inversión y mantenimiento acordes a la realidad de una comuna cordillerana y rural. Durante meses advertimos sobre la necesidad de fortalecer la prevención en distintos sectores de quebradas y zonas de riesgo de nuestra comuna. Hoy queda demostrado que esas medidas eran necesarias.
Es momento de reenfocar las prioridades. La energía eléctrica no puede ser tratada solo como un servicio comercial; es un servicio esencial para la vida de las personas. La eficiencia debe medirse no solo al momento de cortar el suministro, sino, sobre todo, en la rapidez de la reposición, la planificación y el compromiso con las comunidades.
Rafael Reyes Fuenzalida
Escritor y Concejal de San Esteban