Estilos de vida poco saludables y bajo nivel educacional pueden multiplicar hasta 10,7 veces el riesgo de mortalidad.-

Investigación publicada en la Revista Médica de Chile analizó datos de la Encuesta Nacional de Salud 2009-2010 y mostró que las desventajas sociales y conductuales pueden acumularse, especialmente frente a la mortalidad general y cardiovascular.

Las personas que combinan un bajo nivel educacional con estilos de vida no saludables pueden presentar hasta 10,7 veces más riesgo de morir que aquellas con mayor nivel educacional y hábitos saludables. Esta es una de las principales conclusiones de una investigación que analizó la relación entre conductas de salud, escolaridad y mortalidad en población chilena.

El estudio, publicado en la Revista Médica de Chile, utilizó información de la Encuesta Nacional de Salud (ENS) 2009-2010 y consideró 2.671 participantes. El investigador Felipe Díaz-Toro del Instituto de Investigación de Cuidados en Salud de la Universidad Andrés Bello, evaluó siete componentes relacionados con el estilo de vida: consumo de alcohol, ingesta de sodio, tiempo sedentario, actividad física, tabaquismo, sueño y consumo de frutas y verduras. Posteriormente, relacionaron estos antecedentes con registros de mortalidad.

“Los resultados muestran que quienes presentaban los estilos de vida menos saludables tenían un riesgo 3,02 veces mayor de mortalidad por todas las causas respecto del grupo con estilos de vida muy saludables. En el caso de las enfermedades cardiovasculares, el riesgo fue 3,68 veces mayor. En cambio, el estudio no encontró una asociación estadísticamente significativa entre el puntaje de estilo de vida y la mortalidad por cáncer”, explica el investigador.l inesperado riesgo de falta de educación

El nivel educacional también mostró una asociación independiente con la mortalidad. Las personas con menor escolaridad presentaron 2,15 veces más riesgo de morir por cualquier causa, un 93% más de riesgo de mortalidad cardiovascular y 2,42 veces más riesgo de mortalidad por cáncer que quienes tenían un nivel educacional alto.

Sin embargo, el hallazgo más relevante surgió al analizar ambos factores conjuntamente. “En comparación con las personas de mayor nivel educacional y estilos de vida saludables, quienes tenían baja escolaridad y estilos de vida no saludables presentaron 10,7 veces más riesgo de mortalidad total, 10,1 veces más riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y 5,4 veces más riesgo de mortalidad por cáncer”, detalla Díaz-Toro.

La investigación identifica así un efecto aditivo, y es que las desventajas sociales y conductuales no actúan de manera aislada, sino que pueden acumularse y aumentar considerablemente el riesgo de mortalidad. Incluso las personas con bajo nivel educacional que mantenían estilos de vida saludables presentaron 2,7 veces más riesgo de mortalidad total que aquellas con alta escolaridad y hábitos saludables.

Un mensaje a las políticas públicas

Los autores plantean que estos resultados tienen implicancias para las políticas públicas, ya que la prevención no debería centrarse únicamente en promover decisiones individuales. “Resulta necesario abordar las desigualdades educacionales, facilitar el acceso a información y recursos que permitan adoptar hábitos saludables y generar entornos que favorezcan el bienestar, especialmente entre las poblaciones socialmente más vulnerables”, concluye el experto.