Las Fiestas Patrias son una oportunidad para compartir en torno a un asado, una empanada, un anticucho o un choripán. Sin embargo, el aumento del consumo de alimentos, especialmente carnes y preparaciones fuera del hogar, también obliga a poner mayor atención a su conservación, manipulación y cocción para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos.
Una carne deteriorada puede entregar señales claras, tales como olor fuerte o desagradable, superficie pegajosa o viscosa, textura excesivamente blanda y cambios importantes de coloración, como tonos verdosos o negruzcos. Pero hay un aspecto fundamental, y es que una carne contaminada con microorganismos capaces de causar enfermedad puede verse y oler completamente normal. Por eso, no debemos probar un alimento para comprobar si está en buenas condiciones.
Al comer fuera de casa, también es recomendable preferir fondas, restaurantes y puestos autorizados sanitariamente, observar la higiene del lugar y verificar que los alimentos estén protegidos del polvo, insectos y contaminación. También se deben evitar preparaciones que hayan permanecido durante mucho tiempo tibias o a temperatura ambiente y asegurarnos de que carnes, especialmente pollo, cerdo, hamburguesas, carne molida y embutidos, estén adecuadamente cocidas.
Si después de comer aparecen diarrea, dolor abdominal, náuseas, vómitos o fiebre, es importante mantener una adecuada hidratación y evitar automedicarse con antibióticos. Se debe consultar si existe sangre en las deposiciones, fiebre alta, vómitos persistentes, diarrea prolongada o signos de deshidratación. Ante un deterioro rápido, desorientación, pérdida de conciencia o deshidratación intensa, se requiere atención urgente.
Durante estas celebraciones, la prevención también está en la mesa. Mantener la cadena de frío, separar alimentos crudos de los cocidos y comprar en lugares autorizados son medidas sencillas que pueden evitar una enfermedad. Si un alimento genera dudas por su olor, textura, conservación o cocción, la decisión más segura siempre será no consumirlo.
Noelia Barrera Páez
Académica Facultad de Enfermería
Universidad Andrés Bello