De acuerdo con información entregada por el MINSAL, el aumento del gasto en salud mental en Chile representa, sin duda, una señal positiva. Que el país haya destinado $1,44 billones durante 2024, con un incremento del 27% respecto de 2022, demuestra que existe una mayor conciencia sobre una deuda histórica con esta área de la salud. Sin embargo, el verdadero desafío no está únicamente en cuánto se invierte, sino en cómo esos recursos llegan efectivamente a las personas.
Actualmente más del 40% del gasto en salud mental sigue saliendo directamente del bolsillo de las familias, principalmente en medicamentos y consultas sin cobertura. Esta cifra evidencia un problema estructural, ya que muchas personas no logran resolver sus necesidades dentro de la red pública y se ven obligadas a recurrir al sistema privado, asumiendo costos que muchas veces resultan difíciles de sostener.
Las listas de espera, la falta de especialistas y la limitada cobertura en salud mental profundizan una brecha que termina afectando especialmente a los grupos más vulnerables. En la práctica, el acceso oportuno a atención psicológica o psiquiátrica depende, en gran medida, de la capacidad económica de cada familia y no exclusivamente de la necesidad clínica.
El aumento sostenido de consultas mediante la Modalidad Libre Elección de Fonasa también refleja esta realidad. Muchas personas buscan atención más rápida o especializada, aun cuando eso implique copagos cada vez más altos. Esto demuestra que el sistema público continúa sobrecargado y que el sector privado opera como una alternativa para quienes pueden costearlo.
La pandemia dejó en evidencia un incremento sostenido de problemas de salud mental y una presión creciente sobre los servicios sanitarios. Por ello, el país necesita avanzar hacia un modelo preventivo y comunitario, fortaleciendo la atención primaria, las intervenciones tempranas en escuelas y comunidades, además de ampliar el acceso mediante nuevas estrategias como la telemedicina.
Invertir más es importante, pero garantizar acceso equitativo y oportuno debe ser hoy la principal prioridad del sistema de salud mental chileno.
Juan Videla
Máster Salud Mental, Facultad de Enfermería
Universidad Andrés Bello.-