Experto de la Universidad Andrés Bello explica sus beneficios y cómo elegir el más adecuado frente a la necesidad de cada paciente y objetivo a abordar.
Los masajes pueden aportar mucho más que un momento de relajación. Dependiendo de la técnica, la intensidad y las necesidades de cada persona, estas maniobras pueden contribuir a disminuir temporalmente el dolor, reducir la sensación de tensión muscular, mejorar la movilidad y favorecer una sensación general de bienestar. Sin embargo, no todos los masajes persiguen el mismo objetivo ni son adecuados para todas las personas.
Hernán de la Barra, académico de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, explica para que sirven los masajes más conocidos y que la gente más busca. “El masaje descontracturante se utiliza principalmente cuando existe una zona muscular que presenta una sensación aumentada de tensión o rigidez. La persona puede percibir el músculo como “apretado” o duro, acompañado de puntos especialmente sensibles, dolor a la palpación, molestias al estirarlo o incluso cierta limitación del movimiento”, detalla el docente.
En estos casos, el masaje descontracturante suele aplicar mayor presión, amasamientos y fricciones localizadas para disminuir la sensación de tensión, mejorar la movilidad y reducir las molestias. En cambio, el masaje de relajación no requiere que exista una contractura y utiliza maniobras más suaves y con menor presión, cuyo principal objetivo consiste en favorecer la relajación general y disminuir el estado de activación de la persona.
Un efecto que va más allá del músculo
El kinesiólogo indica en relación con el masaje de relajación, que este no necesita una gran presión para generar efectos. La estimulación suave de la piel y los tejidos entrega información sensorial al sistema nervioso, lo que puede ayudar a disminuir el estado general de activación, favorecer una sensación de calma y bienestar y modular la percepción del dolor.
“El objetivo no es necesariamente ‘soltar’ un músculo mediante mucha fuerza, sino generar una respuesta de relajación tanto física como general. Por esta razón, una persona que se siente tensa después de una semana de estrés, que presenta cansancio o que simplemente busca disminuir su nivel de tensión puede beneficiarse de un masaje de relajación, sin necesidad de presentar una contractura. La elección también depende de la tolerancia y las características individuales, ya que no todas las personas necesitan ni toleran un masaje intenso”, aclara De la Barra.
¿Qué ocurre con el músculo durante un masaje?
Las maniobras de presión, amasamiento y fricción generan estímulos mecánicos y sensoriales sobre el músculo y los tejidos, pueden ayudar a disminuir temporalmente el dolor, modificar la sensación de tensión y mejorar la extensibilidad y el rango de movimiento.
“El masaje también puede producir cambios locales y transitorios en la circulación y perfusión de los tejidos. Pero sus efectos no dependen exclusivamente de “soltar” físicamente un músculo. También participan mecanismos sensoriales y del sistema nervioso relacionados con la modulación del dolor y la tensión”, indica el académico.
¿Cómo se realiza un masaje descontracturante?
Durante un masaje descontracturante, el profesional puede identificar mediante la palpación zonas más tensas o pequeños nódulos sensibles dentro de la musculatura. Popularmente estas zonas suelen denominarse “puntos gatillo”, aunque resulta más prudente hablar de puntos sensibles o dolorosos a la palpación, ya que no todo nódulo palpable corresponde necesariamente a un punto gatillo clínicamente definido.
“La intervención busca trabajar sobre estas zonas para disminuir la sensación de rigidez, aliviar el dolor y mejorar la movilidad y extensibilidad muscular. Habitualmente, el masaje sigue una progresión: primero se realiza un deslizamiento para preparar y reconocer el tejido; posteriormente, un amasamiento más vigoroso; y finalmente pueden aplicarse fricciones con compresión localizada sobre los puntos que se perciben tensos o sensibles”, señala el kinesiólogo.
De esta manera, el efecto del masaje no consiste únicamente en “soltar” mecánicamente el músculo. Los mecanismos neurosensoriales también pueden modular el dolor, disminuir la percepción de tensión y facilitar el movimiento, además de generar cambios transitorios en la circulación y perfusión local.
¿Cuándo no es recomendable recibir un masaje?
Existen situaciones en las que el masaje debe evitarse o realizarse solo después de una evaluación profesional. No se recomienda aplicarlo directamente sobre zonas con inflamación aguda, heridas abiertas, infecciones, hematomas importantes o cuando existe sospecha de una lesión muscular aguda, como un desgarro.
El experto agrega que “se debe tener especial precaución en personas con alteraciones circulatorias importantes, sospecha de trombosis, problemas de coagulación o que utilizan medicamentos anticoagulantes. La misma precaución aplica cuando existen alteraciones importantes de la sensibilidad o fragilidad de la piel y los tejidos, ya que la persona podría no percibir adecuadamente la intensidad de la presión aplicada”.
En personas con antecedentes de cáncer, el masaje no está necesariamente contraindicado, pero debe adaptarse a la condición clínica y evitar determinadas zonas cuando corresponda.
Durante el embarazo tampoco está necesariamente contraindicado, pero requiere adaptaciones. En general, se prefieren maniobras suaves, principalmente de relajación, junto con posiciones cómodas y seguras. Además, se deben evitar las presiones profundas sobre el abdomen.
Finalmente, el docente explica que “en el caso de aumento de volumen de alguna zona que aparezca de manera brusca, es muy marcado o afecta principalmente a una extremidad, primero debe evaluarlo un profesional de salud antes de realizar cualquier masaje”..-