Estaba viendo un video donde muestran la pastelería de la Golosita, llena de gente…y me sorprendió profundamente.
Creo que este es el mal de los Andes…no valorizar lo que se tienen a tiempo y llorarlo cuando se pierde.
Ha pasado con muchas cosas, gente e instituciones andinas, y espero que esta ves la pérdida de La Golosita sea una toma de conciencia de la pérdida de identidad de nuestra ciudad.
Y esto lo digo desde el punto de vista de artesana, donde nunca se valor el trabajo artesanal a punto de llenar la plaza de emprendedores, siento el espacio público el lugar por derecho de artesanos y artesanas.
Pero eso es para otro análisis….
Sobre la pastelería, yo pasabas seguido por afuera y habían días que estaba completamente vacía…y ahora, cuando ya era inminente el cierre, se llena de gente.
Es triste que cuando perdemos a alguien importante en los Andes, recién se le hace el reconocimiento.
Mientras esa persona está viva, ese negocio o institución está funcionando, ese lugar en el campo no está construido con un condominio… no la valoramos…cuando las cosas cierran o mueren
nos pegamos con la piedra en el pecho, sin entender porque de esta situación… Y esto lo digo por los y las andinas que compraban el el Olguín nuevo de la calle Esmeralda….Olguín que es cien por ciento de San Felipe….horror)
Yo creo que esta actitud tan andina debemos pensarla muy bien, para que no se repita, aunque ya casi no queda casi nada identitario en Los Andes….si hasta la madre con el niño la sacaron del frontis del Hospital!!! Y a la Teresita se la llevaron a Rinconada. Y para que seguir la larga lista de perdidas en los últimos años ..
Es muy triste y lamentable que la identidad de los andinos y las andinas se disuelve en cosas y actitudes foránea ….se que esto puede sacar roncha, pero es muy real, y esto lo digo completamente consciente y , con mucha tristeza, de ser andina haber nacido en los Andes y haber vivido 50 años en los Andes y ver cómo la herencia patrimonial en identitaria baja su cortina sistemáticamente.
Ojalá alguna vez cambiemos y valoricemos lo poquito que nos queda como patrimonio, como cultura, como tradición y lo más importante como identidad.
Porque ahora todos lloran el tren, pero cuando el tren existía y todavía viajaba, nadie tomaba el tren. Y eso es muy propio y eso es todo lo que tengo que decir, para no seguir ahondando mi propia herida de pérdida.
Estoy triste porque haya cerrado la Golosita.
Esta pastelería de pueblo tenía que ver con mi vida, con mi identidad , mis sabores, mis recuerdos familiares y en especial con gente a la que a la cual yo estimo mucho.