Ayuda de salud a Venezuela
Cuando ocurre un terremoto como lo ocurrido en Venezuela, la atención suele centrarse en el rescate de víctimas y en la magnitud de los daños materiales. Sin embargo, la experiencia chilena tras el terremoto del 27 de febrero de 2010 demuestra que, una vez superada la fase inicial, surge un segundo desafío igualmente relevante, que es evitar una crisis sanitaria y proteger la salud mental de las comunidades afectadas.
Debido a la magnitud del movimiento telúricos, lo primero que comienza a ocurrir es la interrupción del suministro de agua potable, la acumulación de residuos, el hacinamiento en albergues y la pérdida de servicios básicos, que pueden favorecer la aparición de enfermedades gastrointestinales, respiratorias y otras asociadas a condiciones sanitarias deficientes. Por ello, resulta indispensable implementar sistemas de vigilancia epidemiológica temprana, asegurar el acceso a agua segura y promover medidas de educación sanitaria, como hervir el agua o desinfectarla adecuadamente.
Asimismo, la prevención debe considerar el manejo seguro de alimentos, la mantención de la cadena de frío, la correcta disposición de excretas y el fortalecimiento de las campañas de vacunación, especialmente en grupos de riesgo.
No obstante, las consecuencias de un desastre no son únicamente físicas. Niños, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y rescatistas presentan un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental, entre ellos estrés postraumático, ansiedad y depresión. En este contexto, el apoyo psicosocial, la contención emocional y el fortalecimiento de las redes comunitarias son fundamentales para favorecer la recuperación.
Los equipos de salud comunitaria cumplen un rol estratégico durante la reconstrucción, no solo mediante la atención clínica, sino también liderando acciones educativas, detectando precozmente problemas de salud mental y fortaleciendo el tejido social.
Prepararnos para futuros desastres implica comprender que la resiliencia comunitaria y la participación activa de la ciudadanía son herramientas esenciales para proteger la salud y reconstruir la esperanza.
Juan Videla
Máster Salud Mental, Facultad de Enfermería
Universidad Andrés Bello